LOS NIÑOS DE ILLFURT
1864- 1869
Durante estos cinco años, una familia sueca se vio envuelta en una serie de extraños sucesos paranormales que todavía hoy no han conseguido ser explicados de una forma razonable. Los hijos de esta familia llamados Teobaldo y José, tenían en el momento que os relatamos 9 y 8 años de edad respectivamente.
De repente un día, la apacible vida de estos dos niños, de sus padres y de todo el pueblo de Illfurt se vio perturbada por unos acontecimientos que ninguno de sus protagonistas imagino jamás que iba a experimentar en su vida.
Estos sucesos llegaron a tomar tal relevancia, que el padre Sutter escribió en 1935 un libro en el que trata exclusivamente la historia de estos dos niños.
Al parecer, el mismísimo Demonio o alguno de sus “ayudantes” decidió visitar a los pequeños y quedarse una temporada “haciéndoles compañía”. Así, de esta manera una mañana la madre de los pequeños se dispuso a entrar en el dormitorio de sus niños para despertarlos. Cuando accedió al mismo…quedo horrorizada.
Sus dos hijos se revolvían como animales en sus camas, daban saltos” sobre humanos” de una pared a otra de la habitación golpeándose violentamente contra las mismas y así se mantuvieron durante horas y todo esto sin mostrar el mas mínimo síntoma de cansancio.
Sus vientres estaban hinchados como dos balones y una extraña bola giraba en sus estómagos pudiéndose apreciar perfectamente bajo la piel del abdomen de los pequeños. Desde ese momento todo cambio para esa humilde familia. Durante días enteros, las piernas de los niños se entrelazaban entre ellas y no había fuerza humana capaz de separarlas.
Los pequeños hablaban con voz grave y varonil sin mover los labios y podían hacerlo en inglés, alemán, francés y latín sin cometer el más mínimo fallo al expresarse, por supuesto sobra decir que ninguno de los dos pequeños conocía nada de ninguno de estos idiomas.
Además entendían perfectamente lo que se les decía cuando se dirigían a ellos en castellano.
No soportaban el agua bendita, ni ninguna oración cristiana y blasfemaban constantemente insultando a todos los santos conocidos.
Contra la única que no pronunciaban expresiones desagradables era contra la virgen María y cuando fueron preguntados por que, uno de los dos niños respondió con voz ronca “El títere de la cruz me lo ha prohibido”
Los días pasaban en medio de este martirio constante tanto para los niños como para su desconcertada familia. Comenzaron a llegar al pueblo algunos curas, brujos y médicos atraídos por las espantosas historias que circulaban por toda Suecia.
Algunos con el ánimo de ayudar y otros simplemente para intentar ganar popularidad aprovechándose de esta desgraciada familia. Los pequeños, mientras, seguían siendo torturados por la Satánica presencia.
Manos invisibles arrancaban las cortinas de la habitación. Si echaban agua bendita a uno de los niños, el otro inmediatamente reaccionaba con violencia aunque se encontrase en otra estancia.
Seguían mostrando odio a todo lo sagrado y sus pequeños cuerpos cada día se iban debilitando un poco más. Al final, un sacerdote especializado en exorcismos, el padre Schrantzer dio con la forma de liberar a los pequeños de la influencia de la diabólica energía que los martirizaba desde casi tres años atrás.
En el momento de salir del cuerpo del segundo de los niños la energía diabólica exclamo “ahora me veo obligado a partir”. Tan repentinamente como había comenzado, este extraño caso volvió a desaparecer, pero esta terrible experiencia marco la vida de todos los que la padecieron para siempre.
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